��   La experiencia y el estilo de relaciones son elementos esenciales de nuestra herencia carismática. Decir experiencia es entrar en relaciones, es conocer en profundidad una realidad, una Persona que en el Carmelo Misionero Teresiano se llama Iglesia –Dios y los hombres en unidad-. En la experiencia se actualiza un proceso de unificación entre conocimiento y amor, contemplación y acción, teoría y práctica.

Experiencia contemplativa: Relaciones con la Iglesia. La contemplación como experiencia teologal vivida dinámicamente, es el motor y la fuente de energía de la vida divina en nosotras, Dios que se deja descubrir por la fe, que se deja poseer por la esperanza, que es amado por la caridad. Esta “vida en el Espíritu” contempla la realidad para descubrir la belleza de la Iglesia, la presencia de la Trinidad en cada ser humano, en cada acontecimiento. Al mismo tiempo responde con generosidad a la llamada de Dios en la historia allí donde esta belleza está deteriorada, amenazada, ultraja… Esta espiritualidad se alimenta de:

  • La contemplación del rostro humano de dios –Jesús de Nazaret-
  • La lectura orante de la Palabra y de la vida
  • La vivencia de la eucaristía como expresión máxima de nuestra comunión con la Iglesia;
  • La presencia de María, tipo perfecto y acabado de la Iglesia.

Experiencia comunitaria. Vida de familia en “uniones de fraternidad”. Vivimos en uniones de fraternidad dónde hacemos públicamente visible y continuamente perceptible el don de la fraternidad concedido por Dios a la humanidad. Tenemos como tarea irrenunciable, como misión, ser y aparecer como una célula de intensa comunión fraterna, que hace creíble a la Iglesia, como signo y estímulo para todos los hombres y mujeres, porque no nos quedamos encerradas en nostras mismas, sino que sentimos la apremiante llamada a construir la fraternidad universal.

 Experiencia misionera, anunciar la belleza de la Iglesia y servirla a través de las obras: Anunciar la belleza profunda de cada ser humano creado a imagen y semejanza de Dios, es redescubrirle como imagen viva de la Iglesia y por lo tanto como objeto de amor. De la mirada contemplativa a lo profundo de cada ser humano, surge nuestro compromiso misionero de anuncio de la belleza de la Iglesia, misterio de comunión y de servicio liberador y sanador al cuerpo herido y llagado. El servicio liberador y sanador nos compromete en la recuperación de esa belleza velada o deformada en su cuerpo herido, llagado, ultrajado. Es hacerle descubrir al ser humano su más alta dignidad, devolvérsela, ayudarle a encontrarla

Experiencia Contemplativa

  • La contemplación como experiencia teologal vivida dinámicamente, es el motor y la fuente de energía de la vida divina en nosotras, Dios que se deja descubrir por la fe, que se deja poseer por la esperanza, que es amado por la caridad. Esta “vida en el Espíritu” contempla la realidad para descubrir la belleza de la Iglesia, la presencia de la Trinidad en cada ser humano, en cada acontecimiento. Al mismo tiempo responde con generosidad a la llamada de Dios en la historia allí donde esta belleza está deteriorada, amenazada, ultraja… Esta espiritualidad se alimenta de:

    • La contemplación del rostro humano de dios ���Jesús de Nazaret-
    • La lectura orante de la Palabra y de la vida
    • La vivencia de la eucaristía como expresión máxima de nuestra comunión con la Iglesia;
    • La presencia de María, tipo perfecto y acabado de la Iglesia.