CARISMA

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Nuestra familia religiosa nace de la íntima relación entre la experiencia eclesial mariana y la vocación carmelitana de nuestro fundador, por ello nos sabemos y sentimos porción viva del Carmelo Teresiano. A partir de esta experiencia fundante y del discernimiento de los signos de los tiempos nació el CMT. Teológicamente concebido en la unión en fe, esperanza y amor con la Iglesia: Dios y los prójimos, el CMT es llamado a un estilo de vida y acción apostólica marcada por la Espiritualidad eclesial.

El CMT está implicado por carisma en la promoción de la vida espiritual como pastoral de la eclesialidad, es decir, ir experimentando y enseñando que se puede experimentar la presencia de l a Iglesia como Persona, Cuerpo Místico de Cristo. El CMT hace de su vida una propuesta espiritual que puede servir de cauce para una estupenda forma de vivir la vida cristiana.

Nuestro carisma se puede definir como: contemplar, expresar y realizar el Misterio de Comunión que es la Iglesia, buscando y viviendo ser y hacer Iglesia en pequeñas uniones de fraternidad que son orantes, comunitarias y misioneras.

Éste debe ser entendido a partir de la experiencia mística de la Iglesia como Misterio de comunión en clave teologal que vive nuestro Padre fundador. Al entrar en contacto filial con sus escritos podemos darnos cuenta de la fuerte densidad teologal de nuestro carisma. Este está muy en consonancia con el magisterio actual sobre la Iglesia, que la ha redescubierto como Misterio de Comunión.

Raíces Carmelitanas

beb40-kaPertenecemos a la familia del Carmelo Descalzo. La Regla carmelitana de San Alberto de Jerusalén fue dada por el P. Fundador como texto sustentador de las constituciones de 1872. El Padre quiso que nuestra fisonomía tanto legal como espiritual fuese carmelitana y teresiana por conciencia carismática. De la herencia carmelitana destacamos sus raíces bíblicas (Elías, María y San José) y la fraternidad.

Nuestras raíces se remontan a la espiritualidad Teresiano-Sanjuanista, vista sin embargo, como un nuevo brote de la familia del Carmelo Teresiano.

Para los carmelitas la vida en el espíritu se puede resumir en dos cosas: vida intensa de amistad con Dios y vida fraterna. ¿Como? En centros de espiritualidad y misiones. La unión con Dios es la manera de ser y de actuar del Carmelo, tanto en su interior como en el apostolado externo. Todo se organiza en torno esa idea. En tiempo de Palau se daba especial importancia a la vida contemplativa. Toda la doctrina estaba orientada a encaminar a las personas a la perfecta unión con Dios (Moradas 2,3-5). Esta encontraba su inspiración en la Regla de San Alberto que prescribe:

  • Vivir en obsequió de Jesucristo
  • Cultivo diligente de la lectura divina
  • Hacer de la liturgia parte de nuestra vida comunitaria
  • Crear la comunión de vida
  • Culto asiduo de la oración
  • Ascesis, soledad
Carisma Fundante

4El núcleo de nuestro carisma es la experiencia de comunión con la Iglesia, Cristo Místico, Dios y los prójimos. Palau inmerso en la Iglesia, concebida comunidad de prójimos, vivió intensamente la amistad real con Dios y la entrega incondicional a los intereses del Reino.

De la unión en fe, esperanza y amor de Francisco con la Iglesia surgió el Carmelo Misionero Teresiano, concebida espiritualmente teresiana y carismáticamente misionera en orden a las necesidades más urgentes de la Iglesia.

La familia espiritual del carmelo misionero teresiano continúa y encarna la vocación eclesial de su fundador Francisco Palau. Se siente porción viva del Carmelo y heredera de la espiritualidad teresiana. Es constitutivamente misionera porque abraza una vida que brota del misterio de la Iglesia y ella es la fuente e inspiración de su apostolado.

Los componentes esenciales de nuestro carisma los encontramos en la experiencia particular que Palau hace de Dios, experiencia de caracter eclesial, expresada en imágenes como la Ciudad Santa, el Cuerpo Místico, la mujer, etc. Su contemplación constituirá y va a dar lugar a nuestra espiritualidad eclesial.

Eclesiología

1La Iglesia, misterio, en cuanto creación de Dios que “dispuso convocar a los creyentes en Cristo en la Santa Iglesia prefigurada ya desde el origen del mundo” (LG 2), realizada en el tiempo (LG 3) y llevada a la consumación mediante el Espíritu (LG 4), es el corazón de nuestro carisma.

El aspecto misterico de la Iglesia fue motivo de estudio, meditación y de contemplación para nuestro Padre Fundador.

El enfoque eclesiologico de su pensamiento es muy personal. Fruto de una profunda y larga búsqueda. Palau reflexiona y medita el misterio de la Iglesia. Doctrina y experiencia construyen su Eclesiología.

En el pensamiento de Palau se verifica la marcha típica del proceso de interiorización y concentración del Misterio Eclesial por vía teológica. Desde la meditación pasa a la contemplación amorosa de la Iglesia. Este proceso ha quedado reflejado en sus escritos.

Palau comienza con una visión de Iglesia Particular, la española, prueba de ello da su libro Lucha del alma con Dios, donde su preocupación se centra en gran parte en la oración de intercesión por la Iglesia española. Gradualmente su mirada se extiende amorosamente hacia la Iglesia universal, la Una, Santa, Católica y apostólica, formada por la Iglesia peregrina y la celeste, la bienaventurada Jerusalén, sueño y esperanza de todo creyente. Encuentra su inspiración en la Sagrada Escritura y en la patrística.

Eclesialidad

3La eclesialidad palautiana, es un estilo de ser y hacer Iglesia. Nuestra eclesialidad es sostenida por lo que nuestro fundador llama Ley de Gracia: Amarás a Dios y los Prójimos como a ti mismo. En Palau, se definen claramente dos momentos; antes de 1860; una operación para dos uniones (Amor a Dios y amor a los prójimos por separado). Tras la experiencia eclesial de 1860, el itinerario se simplifica y perfecciona, dando lugar a una sola operación, amar, que lleva a la unión con la persona mística de Cristo; la Iglesia… Dios/Prójimos.

En la experiencia de Francisco Palau, todo programa espiritual, arranca de ese núcleo seminal que en círculos concéntricos, engloba de modo unificante cualquier manifestacion del misterio de Dios revelado en Cristo Iglesia después de 1860. Nada queda fuera de la realidad viva de la Iglesia, persona y misterio a la vez, por lo tanto, capaz de relaciones amorosas y objeto de contemplación.

En Palau la reflexión teológica y vida de oración, ciencia y experiencia, han sido camino para el conocimiento sapiencial de la Iglesia. El esfuerzo humano hizo capacidad, quitó obstáculos para el don de la Santísima Trinidad: la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo. La experiencia se convirtió en vision y en visitas de la persona amada.

Palau presenta un nuevo itinerario espiritual que lleva a la unión con el Cuerpo Místico de Cristo. Desarrolla sus pasos en nueve grados de crecimiento en el amor. En el proceso las virtudes teologales son fundamentales.

Espiritualidad

2Del carisma Palautiano deriva una espiritualidad de carácter eclesial que conforma un estilo de vida peculiar. En nuestro caso se trata de una eclesialidad al estilo Palautiano, sin menoscabar con ello, sus raíces carmelitanas.

El vivir en obsequio de Jesucristo, esto viene de la Regla de Alberto de Jerusalén, quien tomó éste elemento de San pablo 2 Co 10,5. Esto indica que la Biblia es indispensable ya desde nuestra definicion.

La meditación asidua de la Palabra del Señor, día y noche según la Regla.

La celebración de la liturgia, centralmente la Eucaristía vivida como sacrificio y como misterio de comunión. En la Eucaristía nos vivimos Iglesia, ella es el culmen de nuestra oración.

El cultivo diario de la oración a solas y comunitariamente. Tiene su origen y modelo en la oración de Jesús. Aunque se recrea el elemento carmelitano de la oracion en silencio y soledad, nuestra oración es eminentemente apostólica y misionera. Oración en el Espíritu y por las necesidades de la Iglesia.

El gozar y procurar vida austera, impregnada de sencillez, normalidad y alegría. Vivida con un talante audaz y abierto.

El amor y servicio a la comunión, a la unidad en la diversidad. La diferencia lejos de ser motivo de división es fuente de riqueza en nuestras uniones de fraternidad.

La comunión de bienes, es un elemento indispensable para que sea realidad el espíritu de familia. Aceptando y predicando la corrección fraterna que es la mejor limosna espiritual.

Junto con esto, en el Carmelo Misionero Teresiano encarnamos y propagamos la vocación eclesial de Francisco Palau como estilo específico de seguir a Jesús en el amor y entrega a su Iglesia, comunidad de hermanos, y en fidelidad al magisterio del la Iglesia.

Tenemos como modelo de vida y patrona de la Congregación a la Virgen del Carmen (bajo el título de Nuestra señora de las Virtudes). Nuestra vocación personal es a la vez convocación comunitaria dentro de la Iglesia, para ser signo y realización de su presencia y misión.

Nuestro estilo de vida es sencillo, fraterno, con espíritu de familia, orante y misionero. El ideal de evangelización y promoción de la vida espiritual, anima toda nuestra vida consagrada. La Iglesia es centro y hogar de nuestra vida espiritual, fuente e inspiración de nuestro apostolado. La Iglesia, misterio de comunión: “Dios y los prójimos”, avala la unidad de vida del Carmelo Misionero Teresiano y es fundamento en la vida cristiana de cuantos se alimentan del carisma y espiritualidad del Padre Francisco Palau. La Eucaristía, misterio de presencia y comunión que hace crecer y edifica la Iglesia, es nuestra oración y acción comunitaria por excelencia. Nos hace más Iglesia-Esposa de Cristo.