El Carmelo Palautiano da gracias a Dios “Porque es Eterno su Amor”

El martes 17 de julio hermanas y laicos de Chile, nos reunimos en la casa provincial para tener nuestro último encuentro como Semiprovincia Virgen del Carmen, ocasión en la cual miramos nuestra historia con corazón agradecido, valoramos el desafiante momento que estamos viviendo al unir las dos circunscripciones de América en una sola, bajo la advocación de Virgen de Guadalupe, y celebramos el nuevo camino que se abre ante nosotros.

Fue una jornada de recuerdos, emociones, sentimientos encontrados, palabras sinceras y llenas de significado, sentido de familia y nombres, muchos nombres e historias que fueron tejiendo estos 63 años, primero como delegación y luego como semiprovincia.

Comenzamos las hermanas con un hermoso momento orante donde pudimos reconocer y agradecer las muchísimas manifestaciones de la misericordia de Dios a lo largo de este tiempo. En un primer momento, oramos con el salmo 136 que nos recuerda que “es eterno su amor” y que en esta oportunidad nos permitió agradecer y alabar a nombre de cada una de las comunidades de los cinco países que forman la semiprovincia. Al ir rezándolo juntas podíamos experimentar como todo nuestro andar y nuestra realidad hablan de la fidelidad de Dios, de su infinita misericordia y por eso emocionadas repetíamos una y otra vez “porque es eterno su amor”. Cuando acabó el salmo seguimos el estribillo y cada una fue expresando aquello por lo que daba gracias, y era como una cascada imparable de momentos, hermanas, laicos, formandas, formadoras, animadoras, fundaciones, esfuerzos, valentías, fe, procesos, servicios, respuestas, bienhechores… y esa sensación de necesitar un tiempo mucho más largo para honrar la presencia, la vida y la entrega de tantas y tantos que han hecho posible nuestro hoy.

Disfrutamos luego de una presentación con los hitos más significativos de nuestra historia… los primeros pasos, la primera fundación, el camino recorrido… y fotos; los rostros de muchas hermanas y laicos que hemos ido plantando el Carmelo Palautiano en Chile, Canadá, Brasil, Ecuador y México. Seguidamente pudimos compartir nuestros sentimientos al orar, al contemplar nuestro caminar y también de cara a la unión ya a las puertas. Fue un momento intenso, profundo, emotivo, sincero, realista… Recordamos hermanas que hoy no están y que también hicieron su valioso aporte a la semiprovincia…Hablamos de gratitud, apertura, duelo, heridas, interrogantes, ilusión, esperanza… Hablamos de perdón, pues asumimos que hemos cometido errores, que hubo cosas que pudimos hacer mejor, momentos que pudimos vivir mejor, situaciones que podríamos haber manejado de forma distinta. Y comprobábamos cómo Dios ha ido tejiendo nuestra historia desde “esta fragilidad enamorada” porque “es eterno su amor”.

Cerramos este momento formando todo un círculo que reflejaba nuestra unidad, cercanía y cariño en este momento especial, y así, desde esa fraternidad pedimos perdón, alabamos y dijimos “te quiero”; luego recibimos de manos de nuestra hermana provincial y sus consejeras una velita con la que se nos invitaba a seguir iluminando en la nueva etapa que comenzamos.

Por la tarde, hermanas y laicos celebramos la Eucaristía para dar gracias a Dios por el camino que juntos hemos recorrido.

Presidió el P. Danilo Yáñez, OCD, y concelebraron los padres Javier Manterola, párroco, su asistente, P. Héctor Bascuñán y el diácono permanente, Sr Julio Sepúlveda.

Participaron además algunos benefactores, trabajadores, familiares, algunas de nuestras hermanas Carmelitas Misioneras, el coro del Colegio Francisco Palau, que viajó especialmente desde La Serena para acompañarnos.

Para terminar nuestro encuentro disfrutamos de un compartir fraterno marcado por la calidez, el espíritu de familia, el cariño, los recuerdos y la apertura y disponibilidad para la nueva etapa que iniciamos en América.

A quienes lean estas líneas les pedimos acompañarnos con su oración. Son tiempos difíciles para la Iglesia, para la fe, para quienes deseamos e intentamos vivir el Evangelio dando testimonio de fraternidad y comunión.

 

 

Hna. Adriana Montenegro, CMT